Nicolás Maquiavelo
El príncipe
Los
que desean congraciarse con un príncipe suelen presentd sele con aquello que
reputan por más precioso entre lo que poseen, o con lo que juzgan más ha de
agradarle; de ahí que se vea que muchas veces le son regalados caballos, armas,
telas de oro, pledras preciosas y parecidos adornos dignos de su grandeza.
Deseando, pues, presentarme ante Vuestra Magnificencia con alglún testimonio de
mi sometimiento, no he encontrado entre lo poco que poseo nada que me sea más
caro o que tanto estime como el conocimiento de las acciones de los hombres,
adquirido gracias a una larga experiencia de las cosas modernas y a un
incesante estudio de las antiguas.¹
Acciones que luego de examinar y meditar durante mucho tiempo y con gran
seriedad, he encerrado en un corto volumen, que os dirijo.
