Tamina, a quien el exilio obliga a trabajar como camarera, lucha
desesperadamente contra el olvido que empieza ya a difuminar el recuerdo de su
marido, muerto y a todas luces irreemplazable. La historia de esa hermosa
exiliada contiene las dos verdades fundamentales del libro: la experiencia
trágica de Praga y la de la vida en el mundo occidental, sometida a la
perspectiva escéptica del autor. Esta novela excepcionalmente viva en
contrastes alterna situaciones políticas con escenas de un erotismo ambiguo, un
relato onírico con una enorme farsa en la que unos poetas ebrios —Goethe,
Petrarca y Lérmontov— intercambian frases tan incongruentes como insultantes.
Las siete partes de esta «novela en forma de variaciones», según el propio
autor, se suceden como siete etapas de un viaje.
El humor aparece teñido de profunda tristeza: asombro ante la fragilidad
y vulnerabilidad del erotismo, que en cualquier momento puede degenerar en
risible pantomima; vértigo ante la Historia, cuya progresión es una carrera
hacia su fin; reflexión sobre el destino del escritor y de su país, amenazado
entonces por la aniquilación y el olvido.
Desde
sus inicios, Milan Kundera persigue un mismo proyecto estético: la unión de los
imposibles, lo más serio y lo más frívolo, lo más real y lo más lúdico. Aquí lo
ha alcanzado plenamente.
